Desde la perspectiva de los consejos sociales, los resultados de la Encuesta de Inserción Laboral de AQU Catalunya tienen un significado que va más allá de las cifras. Nuestra responsabilidad es velar por que la universidad responda a las necesidades de la sociedad y por que la inversión pública en educación superior genere el máximo retorno posible.
Por este motivo, la inserción laboral no es solo un indicador de empleo: es un indicador del impacto social de la universidad.
Sin embargo, los consejos sociales también debemos leer este informe con una mirada exigente. Los buenos resultados globales no pueden esconder las diferencias existentes entre ámbitos de conocimiento.
Y ahí es donde aparece un concepto que considero especialmente relevante: el coste de oportunidad.
No es suficiente con que los graduados trabajen; es necesario que el conocimiento que la sociedad ha contribuido a financiar se convierta en valor añadido para las empresas, las instituciones y el conjunto del país.
Formar a una persona universitaria representa una inversión muy importante de recursos públicos, de esfuerzo personal y de compromiso institucional. Cuando este talento se traduce en empleo cualificado, en innovación, en productividad y en progreso social, el retorno es evidente. Pero cuando este conocimiento no se aprovecha plenamente, el coste de oportunidad no es solo individual, sino también colectivo. Es talento que el país deja de aprovechar, es productividad que no se genera y es retorno social que se pierde.
Desde los consejos sociales, nos interesa tanto hablar de adecuación como de empleo. No es suficiente con que los graduados trabajen; es necesario que el conocimiento que la sociedad ha contribuido a financiar se convierta en valor añadido para las empresas, las instituciones y el conjunto del país.
Los consejos sociales tenemos un papel fundamental en este proceso. Somos el espacio de encuentro entre la universidad y la sociedad, entre el conocimiento y las necesidades del tejido productivo, entre la autonomía universitaria y la rendición de cuentas. Nuestra función es ayudar a orientar las decisiones estratégicas para que las universidades sigan generando valor público.
La transformació tecnològica ens obliga a tots —universitats, empreses i administracions— a repensar la manera com preparem els futurs professionals. A pensar diferent. No importaran les bones respostes sinó les bones preguntes.
Por este motivo, informes como el de AQU Catalunya son mucho más que una fotografía estadística: son una herramienta imprescindible para la gobernanza. Nos permiten tomar decisiones basadas en evidencias, identificar fortalezas, detectar ámbitos de mejora y orientar mejor las políticas universitarias. Sin datos no se puede gestionar.
Todos tenemos constancia del desafío disruptivo que estamos viviendo, una transformación tecnológica sin precedentes. La digitalización, la inteligencia artificial, la automatización y el análisis masivo de datos modifican las profesiones mucho más rápidamente de lo que tradicionalmente evolucionaban los planes de estudio.
Esto nos obliga a todos —universidades, empresas y administraciones— a repensar la forma en que preparamos a los futuros profesionales. A pensar de forma distinta. No importarán las buenas respuestas, sino las buenas preguntas.
Los consejos sociales tenemos un papel especialmente relevante en este momento. Debemos ayudar a acortar la distancia entre la velocidad con la que evoluciona la sociedad y la velocidad con la que evolucionan las instituciones.
La universidad necesita mantener el rigor porque es la base de su credibilidad. Pero también necesita ganar agilidad, flexibilidad y capacidad de anticipación.
Nuestro objetivo debe ser que los estudiantes no salgan preparados para el mercado laboral de hoy, sino para el que van a encontrar dentro de cinco años.
Los nuevos conocimientos, las microcredenciales, la formación continua, la colaboración con las empresas y la incorporación inteligente de la IA a los procesos de aprendizaje ya no son opciones de futuro, sino que forman parte del presente.
Nuestro objetivo debe ser que los estudiantes no salgan preparados para el mercado laboral de hoy, sino para el que van a encontrar dentro de cinco años. Esta es la gran responsabilidad que compartimos universidades, empresas y consejos sociales.
El éxito de una universidad no se mide solo con el número de titulados a los que forma, sino por el valor que estos titulados son capaces de generar para la sociedad. Esta es la mejor expresión del retorno de la inversión pública en educación superior, y también la mejor justificación de la confianza que la ciudadanía deposita en sus universidades.